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El arte de gustar

No sé si lo ha notado, pero el arte de gustar esta esencialmente en el arte de
hablar.  Las mujeres, dijo la comediante Madeleine Renaud, son como los
conejos, se les atrapa por las orejas.
Nada es más cierto. Y sin duda lo que toca más a una mujer, de cuando un
hombre habla, son sus cumplidos (siempre y cuando sean verdaderos,
recuerde que ella percibe más de lo que usted cree). No dude en hacerlos.
Inteligentemente. Originales. Naturales. Así, si una mujer, según usted, tiene
ojos bellos, dígaselo. Muchos varones se lo habrán dicho, de seguro. Esto no le
disgustará, evidentemente, pero tampoco la impresionará, pues otros ya se lo
han dicho, pero si usted agrega el por qué le parecen bellos, es distinto, ¿no? 
Quiza ella tenga, bellas pestañas, o tez exquisita. Quizá sus labios estén muy
bien diseñados. Etc. Esto le hará mucho placer. Y si la mujer es muy profunda
en sus cosas, dígaselo, quizá son los mejores cumplidos, aquellos que dicen
del logro que como humanos hemos obtenido por nuestro esfuerzo. Si pecar de
maquiavélico no dude en decirle que su nariz no es perfecta, pero que usted la
encuentra adorable. Ella tiene al respecto, probablemente un complejo. Y le
estará agradecida.  De manera general, no olvide lo físico que ella tiene, es una
de las preocupaciones constantes en las mujeres. La vanidad es su talón de
Aquiles. Si usted quiere tomar su mano, ataque ese talon…
 
Desde que conozca su nombre, no dude en decirlo frecuentemente. Es dulce
música a sus orejas. Es una suerte de cumplido.
Si usted tiene buen humor, no dude en utilizarlo. Hágala reír. La mitad de las
mujeres sucumben a un hombre que las hace reír. Personalmente, por regla
tengo, decir no importa qué. Literalmente todo lo que me pasa por la cabeza.
Las mujeres adoran eso. Dosifique entre la risa y la seriedad. Es lo ideal. Si no,
arriesga que la mujer arriesga no lo tome en serio. Y sonría. Y tenga calma. El
efecto de un sonrisa y del ser calmado, es sorprendente. La sonrisa ilumina el
rostro. Es el signo por excelencia de la felicidad. No sea avaro. Es la clave de la
salud del corazón.
 
¿De qué hablar?
   De todo y de nada. De la lluvia, del buen tiempo. Si usted es un apasionado
por caminar, por la literatura alemana, los viajes, las películas de Truffaut, hable
de eso. Un hombre apasionado es frecuentemente apasionante. El entusiasmo
es contagioso. Nada es más aburrido para una mujer que un hombre sin
entusiasmo, un hombre que no se interesa en nada. No obstante, en todos los
casos, evite la ostentación. Esto no es agradable sino para usted.

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