EL PRIMER CONTACTO
Al abordar este nuevo capítulo es preciso que usted sepa algo que es bien
simple pero que la mayoría de los hombres no nos detenemos a pensar. Lo que
se requiere para seducir a una dama, es simplemente hablarle. Sí, es tan
simple como eso. Puedo incluso decirles que si usted puede hablarle a las
mujeres, establecer con ellas contacto verbal, usted logrará, sin duda alguna,
seducir mucho.
¿Qué es lo que impide a los hombres hablar a las mujeres y hacerse conocer?
En general es el temor al rechazo. ¡Claro! todas las mujeres no le dirán, Sí.
Pero estará sorprendido del número de ellas que no le dirá; No, y que en todo
caso no se irán con usted por haberles dirigido la palabra, pero estarán
encantadas de que usted lo haya hecho.
Dígase. El solo hecho de que tenga el coraje de abordar a una mujer le da a
usted una imagen ventajosa. Muchos hombres no osan hacerlo. Usted parte
entonces con una ventaja. Esto muestra que usted se subvierte muchas
convenciones sociales que son muy rígidas. Esto gusta a las mujeres. Y no
olvide que las mujeres están con frecuencia más, más deseosas que usted, de
hacerse conquistar.
Usted se da cuenta, además que con la práctica usted desarrolla confianza. Los
inicios son generalmente los más difíciles, en no importa qué dominio. Después
de un tiempo, abordar a una mujer, será la cosa más natural del mundo. Usted
cometerá errores. Será rechazado. Pero eso no es grave. Como se dice, una
perdida, diez encuentros. Y pues, en el fondo, nada, nunca se pierde. Es
experiencia suplementaria.
Es agradable hablar a las mujeres, me dirá usted, pero aún así, es necesario
saber qué decirles. Les señalé de entrada el juego de lo que usted les dirá,
inicialmente, este juego, es en el fondo secundario. Lo que cuenta es
simplemente, romper el hielo, hacer el primer contacto. No es necesario tener
el espíritu de Voltaire o de Sacha Guitry. La originalidad no es necesaria, pero si
puede hacer la prueba puede también ser eficaz. En esta materia, los trucos
más sutiles, las recetas más banales pueden tener éxitos maravillosos.
Usted puede simplemente pedir a una mujer, de forma muy banal: “¿no la he
visto ya en alguna otra parte?”
O incluso, otra variante: “Creo que nos conocemos ¿no es así?”
O incluso: “¿Vives en el VIº, Saint Germain?” (De preferencia elija un barrio o
una ciudad simpática). “¿Estudiaste en el Colegio Henri IV?” Es banal, ¿no? Los había prevenido, ya.
Pero, generalmente es muy eficaz. Y es lo que cuenta; la eficacia. Después de
todo, desde hace muchos siglos, los pescadores utilizan los mismos señuelos, y
ello no ha hecho a los pescados, más o menos difíciles. Una de las ventajas de
estas entradas en materia es lo sutil, lo que queda en el aire. Todas estas
preguntas de hecho tienen algo de lisonjero. Pues dejan sobreentendido que
algo conoces de la persona en cuestión. Si usted mira su rostro, notará que
entonces hay algo que es notable. A nadie le gusta pasar desapercibido,
cuando se tiene la impresión de lo contrario, casi siempre esta uno equivocado.
He aquí, en fin, algunas salidas que usted puede utilizar según las
circunstancias.
¿Por casualidad eres géminis?
(o no importa qué otro signo, con excepción de virgo, a menos que usted crea
que yo no sé el efecto de tal lisonja). Esto puede gustar o no. Según. Algunas
mujeres encontraran un poco cursi. Creo que si la mujer es muy joven, puede
pasar desapercibido y ayudar, pero si no, espere que se adelante la
conversación.
Hola, Buenas tardes.
Es la más simple sin duda. La desventaja, es que no es una pregunta y esto no
lleva a respuesta alguna. Las mujeres pueden responder no obstante, el
saludo y ya, las cosas quedan ahí. Es lo que usted quiere, ante todo, evitar.
Recuerde: En general, es preferible formular una pregunta. La mujer puede
entonces reenviar la bola. Esto facilita la tarea. No olvide que esto la intimida
también a ella, al ser abordada por un desconocido. Al respecto, recuerde que
abordar a una mujer genera, aunque sea de forma sofisticada, de cierta
manera, una suerte de agresión, incluso si la intención es buena. Usted es,
después de todo, un desconocido. La gentileza y el formalismo, generalmente
se imponen, tal que una aproximación caballeresca, tiene buen resultado.
¿Sabes donde puedo encontrar tal libro?
O incluso: ¿es esta una buena novela? (en una librería o en una biblioteca, no
importa donde se encuentre usted con una mujer que tiene un libro).
¿De qué color son sus ojos?
Son magníficos (en general, las mujeres, aprecian bien los cumplidos referidos
a sus ojos.)
¿Por casualidad tu nombre no es Suzana? ¿Eres bailarina?
Esto es muy lisonjero. Muchas mujeres han soñado ser bailarinas.
Formulándoles tal pregunta, usted, implícitamente le dice que la encuentra
elegante y gracil.
Una excelente variante: ¿eres princesa, reina o actriz?
Esta es una de mis preferidas, pues muchas mujeres han soñado un día con
ser actrices. Como las actrices en general son bellas, esto genera mucho
placer, por lo que permite encadenarse fácilmente. Si ella es actriz (no es fácil
que eso suceda), ¡maravilloso! Creerá que la ha reconocido. Si ella no lo es, ella le responderá quizás que hizo teatro en algún grupo de principiantes, o que
hizo sesiones para un amigo fotógrafo, o quizás alguna publicidad.
Otra variante:
Te pareces a Isabelle Adjani o a Catherine Deneuve, ¿no serás por
casualidad pariente de ella?
Evidentemente, ningún lazo de parentesco hay, pero la semejanza es lisonjera.
Muy halagadora. Obviamente si las semejanzas son posibles. Una vez utilicé
una entrada de este género. Estaba en una discoteca cuando vi a una mujer,
radiante. Cabellos castaños, ojos azules, dientes blancos, labios gruesos. En
todo caso el tipo de las que me gustan. En efecto, el tipo de las que le gustan a
casi todos los hombres en mi medio ambiente. Yo jugaba al buitre entre otros a
su alrededor, sin, no obstante, osar hablarle. Esto de los buitres, es una buena
comparación. La mayoría de los hombres revolotean alrededor de las mujeres
como buitres: esperan, por así decir, que pase algo, que ella muera antes de
caer sobre ella.
He ahí un error. Un riesgo que yo no tomo. Quería no obstante, hablar con tal
mujer. Me preguntaba lo que podría yo decirle, cuando noté su enorme parecido
con Gala, la que fue compañera de Dali, el pintor, durante muchos años. Me
aproxime a ella mientras que ella danzaba y le dije: “es preciso que te diga algo.
Te miro danzar desde hace un rato y acabo de descubrir que te pareces a Gala,
la mujer de Dali”.
Ella sonrió. Por un azar muy singular, ella era pintora. Usted dirá que soy
adivino. Y sí, pero la partida no está ganada, no obstante. De hecho me faltó
insistir para obtener su número telefónico. Logre no obstante, una primera cita.
En el curso de la cual no paso, nada. La segunda me reservó una gran
sorpresa. Me invita a su casa. Luego al cabo de una hora, me dice de un
momento a otro: “quítate la camisa, quiero ver como eres.”
¿Simpática no? Les ahorro los comentarios, pues es preciso volver a cosas
muy serias.
¿Eres sueca, alemana, o suiza?. ¿Por casualidad no nos hemos
encontrado antes en alguno de tales sitios?
Hay no obstante que evitar ciertas nacionalidades, sobre las que hay algunos
prejuicios. Sírvase usted de su propio juicio. Si es negra o trigueña no le diga si
es Suiza.
¿De qué raza es este perro?
En un parque, o en la calle. Si usted tiene un perro es incluso mejor.
Pareces triste, ¿hay algo que no marcha? Jamás he utilizado esta fórmula.
Nada impide aplicarla si usted desea. Yo prefiero su corolario: ¿Qué es lo que
le da un aire de alegría?. Me gustaría encontrarte de nuevo. Ó, Tienes un
bello sombrero. Me gustaría conocerte. ¿Estás sola?. Si ella dice que sí. Yo
también, ¿conversamos un poco?
Una de mis entradas preferidas. Simple, simpática, al alcance de todo el
mundo, y que no compromete. A veces es bueno no descubrir su juego
inmediatamente. ¿Cuál es esta, mi preferida?
EL EQUÍVOCO.
Tiene susvirtudes sorprendentes. Además como es puramente amistoso, las mujeres se
sienten en confianza.
¿Perdón señorita. Puedo pedirle el nombre de su dentista?
Ella tiene dientes verdaderamente bellos y los muestra. Ella sonríe y lo disfruta.
¿No la conocí ya en Londres o en Venecia?
Usted pasa por un eterno viajero. Su pregunta supone que también ella viaja.
Está bien.
¿Qué puedes beber?
En un bar. Si ella tiene un vaso de cerveza. Absténgase. Pero si su bebida tiene
aire de particular, entonces es excelente. Ella tendrá el placer, de extenderse en
la originalidad de sus gustos. Veremos más adelante que una de las mejores
formas de seducir a una mujer es la de permitirle darse valor. Todo eso en lo
que usted hace o dice debe reenviarla una buena imagen de si misma.
¿Puedo ofrecerle una copa?
Simple. Pero haga sus pruebas. Recomendado.
¿Tienes fuego? ¿Quieres un cigarrillo?
Evidentemente es banal. Pero si usted tiene la impresión de que la mujer ya lo
ha notado a usted, no tiene importancia. Ella estará contenta de que usted la
aborde. Recuerde las observaciones que ya hice. Lo que usted diga no es
grave. Lo que cuenta es dar el primer paso, romper el hielo.
¿Quieres sentarte?
En un bar, en la barra, en una discoteca. Es una galantería que siempre es de
buen tono. Esto no lo compromete. Usted pasa por gentil. Las mujeres aman la
gentileza.
¿Puedo acercarla a algún lugar?
Usted tiene carro y nota que la joven espera el bus o busca un taxi. Esta técnica
demanda un poco de audacia, claro. Pero se quedara sorprendido del número
de mujeres que aceptan subir al carro de un extraño. Mi antiguo patrón era
incondicional de esta técnica. Era un cincuentenario suizo que, nada de Apolo
lo acompañaba. Pero era audaz con la palabra. Un verdadero caballero.
Llamaba a esta técnica con una expresión americana, un “pick-up”. Ciertos
días, cuando estaba con el alma vacía, tomaba su carro y recorría las calles de
París desde el medio día hasta la hora de la cena. Las tardes en que no volvía
a la oficina, yo sabia, pues me lo había confiado, se escapaba. A la mañana
siguiente, me contaba su aventura.
Yo siempre estaba sorprendido del número de conquistas que hacía en carro.
Pues, por lo menos una de dos mujeres aceptaba subir, aceptaba incuso una
copa de vino. El gusto de mi patrón era la champaña. “Dom Pérignon”.Entonces, frecuentemente, la aventura terminaba en la tarde, a su entera
satisfacción. Si usted no me cree, intente su suerte, se quedará sorprendido de
los resultados. Cuantas mujeres bellas hacen auto-stop, no dude en llevarla.
En general ellas no tienen hielo en los ojos. No está obligado a intentarla
seducir inmediatamente. Puede simplemente, pedirle su número de teléfono.
Como usted la ha llevado ella difícilmente se rehúsa a dar su número.
¿Sabe donde esta la oficina de correos?. ¿Qué discoteca es la buena?
Si usted está en una ciudad que no conoce; claro. Esto es excelente, usted
tiene aire de turista. Un poco perdido. Las mujeres aceptan quizá servirle de
guía.
Usted hace una pequeña sonrisa. Es más fácil que decir a una mujer “Eres
bella”. Pero es sin duda eficaz.
¿Puedo tomarle una foto?
Usted recorre las calles con una cámara fotográfica. No es necesario que sea
una Nikon y ve a una mujer que a usted le gusta. Le dice que usted ha quedado
prendado de su belleza, o de la originalidad de su rostro, que usted esta seguro
que ella debe ser muy fotogénica y le propone una pequeña sesión, una foto
improvisada. En general, la mayor parte de las mujeres, aceptan. Por una razón
bien simple. Es extraordinariamente halagador. Y eso no compromete a nadie.
Usted puede agregar que usted es fotógrafo por afición, y que va a participar en
un concurso. O que sigue sesiones de fotografía a fin de llegar a ser
profesional. Si ella se rehúsa aduciendo que esta de prisa, que no tiene tiempo,
propóngale una cita para otra ocasión.
Pídale su número de teléfono explicando que jamás ha visto un rostro tan
expresivo o especial como el de ella. Éxito, casi asegurado. Si ella acepta una
sesión inmediata de fotografía, deberá usted tomar su número de teléfono a fin
de llevarle las fotografías cuando las haya revelado. Si la sesión se prolonga,
digamos una decena de minutos (tómese su tiempo), puede proponerle
enseguida una copa de vino para agradecerle su gentileza.
En la conversación que tiene lugar antes o durante, no olvide preguntar si es
modelo o actriz o si ha hecho ya fotos para una revista. Agregue puntos. Esta
técnica es una de las mejores. Se sorprenderá del número de mujeres que
aceptan incluso en dar una cita para otra sesión de fotos.
¿Desea hacer el amor?
Al ser directo, uno no queda en desventaja. Excuse la brutalidad de esta
entrada en materia. Pero no puedo terminar mi lista dejando pasar en silencio
esta cuestión que, incluso si no es audaz, se formula enseguida. Esto depende
del por qué y del con quién. Debo decir que no lo ensayo frecuentemente. Una
sola vez en verdad. Pero fue positivo. Se lo cuento. Llegue un fin de semana a
una discoteca. Estaba en un estado algo desanimado y tenía necesidad de
compañía. Noté, al llegar, a una joven que bailaba sola. No era
extraordinariamente bella. Pero era extremadamente sensual, con un pecho bastante generoso. Quizás fuese también generosa conmigo, por lo menos era
lo que yo esperaba. Debía tener algunos 30 años. Este es un detalle capital.
Las mujeres a esta edad han visto llover. Hay menor riesgo de que estén
atemorizadas. Además, la sexualidad de las mujeres de 30 años es en general
mucho más resplandeciente y viva que la de mujeres más jóvenes. Ellas
desean, son más fuertes de lo que parecen incluso que nosotros. Si la mujer
que pretendía yo abordar, hubiera tenido 18 años, me hubiese abstenido.
Hubiera tenido un fuerte rechazo además.
Luego de algunos minutos de reflexión (si uno puede llamar reflexión a los
deseos e imágenes que se presagiaban en mi espíritu), resolví ir directamente.
Me dirigí a la pista de baile, me le aproximé. Vacilé un poco. Bailé algunos
instantes para darme algunos segundos de reflexión. Quise renunciar. Ella me
acompañaría a caminar. O acaso me golpearía. Fui al fin.
¿Te puedo proponer algo, directamente? Le pregunté, acercándome. Sí, dijo
ella, ligeramente sorprendida. ¿Deseas hacer el amor? Ella no respondió que
sí. Pero tampoco dijo no. En su lugar dijo: -Podríamos discutirlo. Yo estaba
dichoso y de cierta manera, asustado. Nos sentamos. Le ofrecí una copa. Nos
fuimos conociendo. En breves momentos de silencio que puntuaban nuestra
conversación, me dije que en el fondo esta mujer (que casualmente se llamaba
Helena) no hubiera podido responder afirmativamente a mi pregunta. Ella no
me conocía. Ignoraba mi nombre. ¿Cómo hubiera podido ella seguir a un
extraño que quizás fuera peligroso, maníaco o qué sé yo? Al cabo de dos
horas de conversación, había mucho de qué hablar. La invité a tomar un café a
mi casa. En principio se rehúsa pretextando que debía levantarse temprano al
otro día, lo que me pareció una excusa válida. “Tomamos un pequeño café, le
dije, y te llevo luego a tu casa”.
Al fin acepta. Mi insistencia fue recompensada. Una media hora después, para
mi sorpresa, mientras nos conocíamos –por así decir-, ella decía que me
quería. ¡Esto es modernismo! Debo confesar que esta maravillosa aventura,
tuvo consecuencias deplorables. En efecto, me curaba temporalmente de mi
mal de amor, Helena me había comentado lo que era conveniente llamar, una
enfermedad de amor. Qué quiere usted… cuando una mujer acepta seguirle a
casa el primer día, hay mucha posibilidad de que no sea usted el primero al que
ella da sus favores, así, espontáneamente. Y tampoco el último. Ella pudo
haber seguido, la víspera, a un extraño, en iguales circunstancias.
La “carta de amor”
Un método muy interesante – sobretodo para los tímidos-
consiste en dirigir una carta de amor a una desconocida y guardarla consigo
siempre.
Cuando uno ve a una mujer atractiva, se la remite. Esta entendido que tal carta
ha de ser manuscrita, escrita en un bello papel, y que se disponga de varias
cartas. La fórmula matemática: mientras más cartas remita, mayores
posibilidades. Uno puede enviar la carta diciendo: “Esta carta es para usted,
léala más tarde”, o incluso guardar silencio y contentarse con avergonzarse!” ¿Qué aprender de todo esto? Hay muchas formas eficaces para abordar a una
mujer. Hay decenas que usted puede inventar y otras tantas que ya ha utilizado,
sin duda. Es casi ilimitado. Como les decía antes, no teman a la banalidad. El
fin justifica los medios. Los viejos trucos, funcionan, generalmente. Si no,
además, ellos no hubieran devenido “viejos trucos”. No tenga temor a ser
espontáneo, a dejarse llevar por la inspiración del momento, a ser original. Con
algunas reservas, claro. Pues evidentemente, si la vista de una extraña, le
inspira pensamientos de naturaleza sadomasoquista, es preferible que usted se
censure, al menos provisionalmente.
Permítame, antes de cerrar este capítulo, darles una última consideración. A
pesar de la práctica, no tendrá éxito con TODAS las mujeres. Sólo con
ALGUNAS. Es decir, con NO TODAS. Al respecto un seductor como Warren
Beattie, llamado M. Hollywood, y que sedujo a bellas mujeres como Julie
Christie, Diane Keaton, Joan Collins, y que tuvo una ligazón con la bella
Isabelle Adjani de veinte años. ¿Sabía usted, que confesó no haber tenido éxito
con las mujeres sino en una o dos ocasiones? No olvide que él es
extremadamente bello, rico y célebre, y que su reputación de galante va por
donde él va.
Paradójicamente, las mujeres son atraídas frecuentemente por la sola
reputación de conquistador que puede tener un hombre. Aquel que ha gustado
a otras, podría decirse. Entonces usted, que no es ni rico, ni celebre, y que no
posee probablemente el físico de tal o cual actor americano o europeo, es
normal que cierto número de mujeres rechacen sus avances. Es probable una
de dos veces. Mi experiencia me ha enseñado que un logro entre siete u ocho
tentativas era una media fuertemente respetable. Un promedio que usted puede
fácilmente esperar y que no se disminuye, contrariamente a lo que uno puede
pensar, con el tiempo.
Una de siete mujeres no es mucho, me dirá usted. Esto significa que yo sería
rechazado en seis ocasiones y eso no es agradable. No es grave, no obstante.
No se va a morir por ello. Y esto quiere decir: si cada día usted conoce una
mujer, la ley de la mediana de las probabilidades dice que usted encontrará una
mujer por semana, obvio, si su corazón lo desea.

