SABER ESCUCHAR
Si es importante hablar, saber escuchar lo es mucho más. Y, cosa cierta, es
mucho más raro encontrar gente que sepa escuchar. El egocentrismo de la
mayor parte de las personas es impresionante. Cuantas veces ha asistido a
conversaciones que no eran sino tristes monólogos. Cada uno tratando de decir
al otro lo que quiere decir, pero sin escuchar, verdaderamente al otro.
Si practica regularmente los pequeños ejercicios de concentración que le he
explicado, no volverá a presentar tal problema. La gente le apasionará.
Escuchará atentamente. Con verdadero placer. Una verdadera fascinación.
Usted se interesara en lo que la mujer que usted quiere seducir, cuenta. Hágala
hablar. De ella. De lo que le interesa. De lo que la apasiona. Frecuentemente lo
he experimentando. Incite al otro a hablar de él es el mayor placer que puede
darle. Es una forma de cumplido. Es una forma de decirle, “Tú me interesas”,
“tú me apasionas”.
Las mujeres temen con frecuencia que uno no se interese en ellas sino por las
cualidades físicas y para gozar de ellas. Haciéndola hablar de ella, y
escuchándola atentamente, tal fantasma se elimina, además de que usted la
conoce más y se sorprenderá de lo que las mujeres tienen para enseñarnos.
Esto no lo dispensa, no obstante, de decirle que la encuentra bella.
Por mi parte, me ha ocurrido con frecuencia, al final de una conversación de
una hora, por ejemplo, que una mujer me haya dicho que esta encantada de haber hablado conmigo. Ahora bien, yo casi ni hablé. No hice más que,
escuchar, y formular algunas preguntas para relanzar la conversación. Hemos
hablado de ella. Ella está encantada.
Esto dice que los hombres son iguales a las mujeres, en este capítulo. Cuando
usted escucha a una mujer no tema mirarla a los ojos. Mírela fijamente, sin
parpadear. Eso tiene un efecto profundo. Eso la confirma en el sentimiento de
que usted se interesa verdaderamente en ella. Nada es más irritante que hablar
con alguien que no lo mira a uno. La mayor parte de las personas están
intoxicadas, por su pequeño yo ficción. Su droga, es su persona.
Desdichadamente, los seres humanos son monstruos de egoísmo que rehúsan
obstinadamente en pensar más allá que en su placer propio…
“No hay sino un mal tipo, dijo Voltaire hablando de literatura, el tipo aburrido”.
Se puede decir estrictamente, lo mismo de la conversación. Evite toda
conversación seria y formal. La mayoría de las mujeres no la soportan. Evite
igualmente ir sobre los problemas que le preocupan, sobre las dificultades del
trabajo, sobre la depresión nerviosa que presiente en el horizonte. Las mujeres
prefieren disfrutar y reír, al menos en un primer encuentro.
Una medicina que puede tener efectos exitosos, aunque la prescribo con cierta
reserva (es una cuestión de tacto y de oportunidad), es hablar de temas
eróticos. Con elegancia (evite la vulgaridad en todo, ésta molesta a la mayor
parte de las mujeres). Se sorprenderá de que las mujeres por sí mismas
jueguen con el tema y entren en temas más íntimos. Se trata de saber dosificar.
Y de calibrar la mujer que está con usted.
Por mi parte, creo que no es necesario abordar directamente estos temas. Se
puede erotizar a una mujer de manera más cierta y eficaz, simplemente
haciéndola reír o dándole un cumplido. El resto, si su deseo por ella es fuerte,
ella lo sabrá sin que usted tenga mucha necesidad de expresarlo con palabras.
Hay algo que recomiendo, tocarla, no solamente con palabras, sino
evidentemente físicamente. Eso crea un calor, una intimidad. Inútil de decir que
usted debe limitarse (hasta nueva orden) a ciertas partes del cuerpo. Por mi
parte, prefiero el antebrazo del que me aferro por un breve momento. No deje
su mano ahí mucho tiempo. Más que algunos segundos. De lo contrario se
torna un signo de posesión.
Usted puede igualmente tocar su mano, su espalda. El mentón que usted
acaricia gentilmente si ella acaba de hacerlo reír o si ella dice algo adorable. La
alegría es fundamental. Si ella tiene bellos cabellos dígaselo, acompañe tal
decir con una caricia. Con lo que puede agregar que son sedosos, o de una
textura gustosa al tacto. Su gesto no debe tener el aire de una caricia, no
obstante. Este no es un gesto sexual sino simpático, caluroso. En ningún caso
debe tener el aire de agresión. Pero no multiplique los gestos. Cuando a una
mujer se la toca, ella se siente en confianza, lo encontrará a usted acogedor

