Una misión celestial
Solía pedirle a Dios que me ayudara.
Después le pregunté si tal vez yo podría ayudarlo.
JAMES HUDSON T AYLOR, MISIONERO
¿Ha sentido alguna vez una aceleración en su espíritu, la sensación de ser conducido, incluso impulsado a hacer algo? A veces, esa es la respuesta de Dios a una oración y la forma de usarlo a usted, si lo desea.
Corría el mes de noviembre de 1990 y Daniel Sheridan se encontraba haciendo una separación del corral que había en la casa que acababa de adquirir. Mañana podría terminar el trabajo y, como los bomberos de la ciudad de Nueva York pueden intercambiar las horas de servicio, Danny hizo algunas llamadas telefónicas y, finalmente, logró que John aceptara ir a trabajar por él al día siguiente.
Sin embargo, ya tarde, otro amigo llamó a Danny y le preguntó si John podría sustituirlo a él en su lugar. Danny protestó, pero al final aceptó de mala gana.
Al día siguiente, aún se encontraba de mal humor cuando se presentó a trabajar.
- Comenzamos, como de costumbre, verificando las herramientas, lavando el piso, todo muy de rutina -dice Danny. Cerca del mediodía, sonó una alarma de incendio en un viejo inquilinato de madera que quedaba a tres manzanas del cuartel de bomberos. Danny reconoció la dirección y supuso, como los demás, que era probablemente una de las tantas falsas alarmas que recibían todas las semanas.
Cuando se sospecha que se trata de una falsa alarma, los bomberos en general no se colocan sus capas de incendio ni los cascos. Mientras Danny se vestía, tuvo conciencia de Una voz interior, de un aguijón distintivo. ¡Alístate!, le decía aquella voz. Por alguna razón, Danny obedeció.
El camión de bomberos de Danny estaba asignado como posición de apoyo y se llamaba el Segundo, de modo que los hombres se tomaban su tiempo para salir. Sin embargo, cuando estaban en camino, Danny volvió a sentirse “diferente”, extrañamente concentrado en la llamada. Mientras sonaba la sirena, su corazón se aceleró, como si lo estuvieran enviando a una cita específica. ¿Era Dios? Dios siempre lo había cuidado, y Danny a menudo le rezaba. Pese a todo, esta intensa concentración no era habitual. Cuando se estacionó el camión de bomberos, Danny ya había saltado del mismo.
El inquilinato estaba ardiendo, con llamas que salían de las ventanas del tercer piso. El Primero del cuartel estaba en escena, aunque tenía problemas con el hidrante, de modo que Danny corrió escaleras arriba, viendo bloqueado su camino por bomberos e inquilinos que corrían despavoridos, para tomar la posición que tenía asignada de hombre de entrada por la fuerza.
- Me imaginé que los demás podrían alcanzarme en un minuto – dice-. Debido a la confusión del primer momento, sus compañeros habían entrado sin darse cuenta en el edificio vecino. Aunque los bomberos siempre deben trabajar de a dos, Danny estaba completamente solo en el cuarto piso.
Más que apagar el fuego, el hombre de entrada por la fuerza es el que abre un edificio, comenzando por el piso que está por encima del incendio, y busca si hay víctimas. Es una posición muy precaria, ya que el humo, el calor y las llamas suben. Cuando Danny entró al apartamento y abrió la puerta de incendios de acero, se encontró con algo que no era habitual.
- Me sorprendí por la falta de humo -dice-, teniendo en cuenta que el apartamento que estaba abajo ardía en su totalidad. -Con sus herramientas se arrastró por el piso hasta la sala de estar, manteniéndose al Iado de la pared para que le sirviera de guía. No había nadie allí. Después comenzó a abrirse camino hacia el dormitorio de atrás.
En este punto, la puerta de incendio del tercer piso estaba abierta y el calor y el humo subían por las escaleras internas y se colaban adentro del apartamento. Danny bajó hasta el vestíbulo, para llegar al primer dormitorio. En ese tipo de edificios suele haber víctimas atrapadas, aunque ninguna parecía estar allí.
Ahora, el apartamento era como estar en el interior de una chimenea. El sudor corría por el rostro y cuello de Danny, haciéndole arder los ojos. El calor intenso le recordó que las llamas se estaban acercando, trepando por las paredes. ¿Dónde estaban sus compañeros? Tardíamente Danny se dio cuenta de que era tiempo de salir de allí antes de que se derrumbara el piso. Extraño, sin embargo… Aún tenía la sensación de una exacerbada conciencia, de contener el aliento, de que algo iba a suceder. ¿Era Dios que trataba de alcanzarlo?
Y después lo oyó, justo cuando se daba la vuelta. Un sonido insignificante que provenía del segundo dormitorio. Alguien que tosía. Era la tos de un bebé.
¡No! ¿Podría alguien tan pequeño haber sobrevivido en esta temperatura? Danny avanzó hacia donde se oía el sonido, palpando el camino hacia el otro dormitorio, donde vio el contorno borroso de una cuna que estaba en el rincón. Adentro estaba el recién nacido.
Los habitantes del edificio dejaron oír sus alabanzas cuando Danny, tambaleándose, salió por la puerta del frente con el bebé de diez días envuelto en su saco.
- Rezábamos por usted y por él -dijo una mujer antes de que se llevaran al pequeño Joel al hospital.
El bebé pasó semanas en terapia intensiva; finalmente se recuperó por completo. Una vecina lo había estado cuidando, pero huyó aterrorizada cuando comenzó el fuego.
- Traté de decirle a la familia de Joel en el hospital que creo que Dios tiene grandes planes para él, ya que si no hubiera sucedido exactamente como sucedió, él no estaría aquÍ hoy -dice Danny-. No estoy seguro de si lo entendieron.
Danny comprende -por qué debía trabajar ese día, por qué se vistió con todo el uniforme cuando se esperaba que fuera una falsa alarma, por qué pareció ser impulsado por algo superior al cuarto piso y se sintió sin ganas de abandonar el edificio…
Aún existen momentos oscuros en su vida. Entonces él recuerda el día en que Dios lo envió en una misión celestial y así las sombras se disipan.

