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Una escolta hacía el paraíso

La muerte es simplemente como apagar una vela porque ya es de día.

 

ANONIMO

 

 

Marie Sullivan es el miembro mayor de una enorme familia con raíces en Lawrence, Massachusetts. Se la considera la historiadora del clan y por tanto tiene muchas historias para contar.

Una de las más exclusivas sucedió antes de que Marie naciera. -Mis padres tuvieron once hijos, pero perdieron a dos cuando estos eran bebés. La segunda hija, Mónica, era una niña perfecta, hermosa y llena de salud -dice Mary-. Después de cumplir un año, enfermó. -El médico no podía encontrar la razón de su enfermedad, pero la pequeña Mónica cada día se debilitaba más.

-Una noche, el 10 de junio de 1897, sus padres estaban inclinados sobre su cuna cuando ella colocó sus manos sobre las cabezas de ambos -dice Marie-. Después murió.

En aquel momento, comenzó a oírse una música. Como esto sucedía antes de que hubiera radio o televisión, el padre de Marie se puso de pie y salió al porche, para ver de dónde provenía. Los Sullivan vivían a una manzana de la iglesia en la que a menudo había actividades nocturnas. ¿Venía la música de allá? El barrio estaba silencioso y en penumbras.

Sin embargo, cuando el señor Sullivan volvió a entrar a la casa, de nuevo oyó la música. Esta parecía de alguna manera… divina. Una tía que había venido a ayudar a la familia durante este tiempo difícil, se despertó en el piso superior donde estaba y también la oyó. Pensó que estaba soñando y no se lo contó a la familia hasta que pasaron algunos años.

Los Sullivan tuvieron más hijos, incluyendo a Marie. En 1910, cuando Marie tenía ocho años, nació la pequeña Dorothy. No obstante, la niña sufrió una infección en el hospital y el médico no pudo hacer nada por ella. Marie y sus hermanos miraron con ansiedad a su hermanita, porque todos sintieron que iba a morir. Las muertes de recién nacidos eran más frecuentes por entonces, aunque siempre resultaban una tragedia.

Una mañana, Marie se despertó temprano, preocupada por Dorothy. Se quedó en la cama por un momento y de pronto vio a una niña parada en la puerta abierta de su habitación. La niña, que parecía tener catorce años, llevaba un vestido muy blanco con mangas anchas, de aquellos que estuvieron de moda algunos años antes, y su cabello, no muy largo, lo tenía suelto y le llegaba a la mitad de la espalda. No había nadie en la casa de Marie que coincidiera con aquella descripción.

-Pasó por mi puerta rápido y yo supe, sin saber cómo lo sabía, que era mi hermana Mónica que se venía a llevar al cielo a Dorothy -dice Mary.

-¡Mónica! ¡Mónica! -gritó Marie y salió de un salto de la cama, siguiendo a una hermana que jamás había visto.

-¿A quién llamas, cariño? -le preguntó su madre desde el dormitorio.

-Es Mónica, mamá. ¡La vi! -Marie corrió por la casa, buscándola. Pero no encontró a la niña por ninguna parte.

Cuando los niños regresaron del colegio aquella tarde, su hermanita Dorothy había muerto. Sin embargo, en lugar de sentirse temerosa o con miedo por aquella extraña experiencia que había vivido, Marie estaba tranquila, con la sensación de que todo estaba bien.

-No sé por qué Dios me permitió tener esta visión de Mónica, pero fue un momento de mucha paz, a pesar del dolor de perder a mi hermanita -dice ella- Sentí que se hacían cargo de todo y en todos estos años que siguieron, aún lo creo asÍ.

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