Los milagros especiales de Dios
La medida del amor de Dios
Le canto al todopoderoso Dios
Que hace levantar las montañas
Que esparce los torrentosos mares
Y crea los dominantes cielos…
ISAAC WATTS
“LE CANTO AL TODOPODEROSO DIOS”
-Regresaba en coche de visitar a mi hija en el hospital Sparta, de Nueva Jersey -dice Mattie Houlden-. Aquella noche había una terrible tormenta, casi con ráfagas de viento huracanadas y violentas lluvias -lo peor era que su camioneta liviana parecía balancearse con el viento.
Mientras conducía, las ráfagas de viento empujaban la camioneta y la sacaban del camino. Mattie rezaba pidiendo ayuda cada vez que luchaba porque el vehículo volviera a la carretera. Para cuando se estaba acercando a un atajo, los hombros le dolían. ¿Debería seguir aquel camino? Llegaría más pronto a su casa, pero la ruta estaba desierta.
Otra ráfaga hizo mover el vehículo y Mattie tomó la decisión. Doblando, patinó sobre aquel pavimento escabroso, enderezó el volante, después miró asombrada la escena. No había lluvia que golpeara contra el parabrisas, ni viento que soplara, nada salvo una serena noche estrellada. Mattie llegó a su casa tranquilamente.
-Sé que las tormentas no se terminan en las esquinas -dice ella-, así que sólo debía darle gracias a Dios.
Vic* había estado donando a los pobres un 5% de su salario. Pero cuando su familia pasó por un difícil período económico, se sintió tentada a dejar de hacer aquella donación; ¿no era su primera obligación para con su familia?
-Dios -dijo finalmente-, me seguiré encargando de los pobres, pero por favor hazme saber que Tú cuidarás de nosotros.
El fin de semana siguiente, Vic entró en una estación de servicio para cargar combustible. Aunque su automóvil gastaba un tanque por semana, de alguna manera había funcionado durante siete días con el tanque vacío.
Esa era la prueba que Vic necesitaba. Jamás podría superar a Dios en generosidad.
Ray* le contó a los oyentes de la estación de radio WEZE, de Bastan, lo que le sucedió una mañana después de una tormenta de nieve.
-Traté varias veces de hacer una llamada por teléfono, pero la línea estaba muda -dijo-. Entonces miré la nieve que había acumulada en la entrada y decidí ir a limpiarla con una pala.
Mientras Ray se ponía las botas, sonó el teléfono. Era su hermano, y ambos mantuvieron una breve conversación. Ray se sintió contento de que el servicio telefónico estuviera restaurado. Colgó y abrió la puerta.
-Allí, sobre la entrada, había un cable de electricidad con tensión -dijo-. Obviamente se había caído cuando yo estaba hablando por teléfono. Habría estado justo debajo de este cable si mi hermano no me hubiera llamado.
Ray tomó el teléfono para llamar a su hermano y contarle de lo que se había salvado. Pero el teléfono había vuelto a quedar fuera de servicio. Y así permaneció por el resto del fin de semana.
-El lunes por la mañana, cuando vino la compañía de teléfonos, le conté al capataz que había recibido una llamada el sábado -dijo Ray.
El capataz lo miró con gesto extrañado.
-No puede ser -dijo él-. Nadie en esta zona ha tenido servicio desde el viernes por la noche. Las líneas quedaron completamente destruidas después de la tormenta.
Entonces Ray supo quién había temporalmente reparado los cables, sólo por él.
Nos maravillamos ante la autoridad de Dios sobre la tormenta y el viento, de su delicadeza en la textura de una hoja, en una diminuta hormiga. El hizo el universo y El manda en cada porción de este.
Y en circunstancias normales, sus leyes de la ciencia y la lógica prevalecen. La fuerza de gravedad, las condiciones climáticas, automóviles, cables de teléfono y otros elementos mecánicos funcionan en un cierto orden. La materia no se reproduce. La gente no está en dos lugares a la vez. Pero cuando sucede un milagro, Dios puede detener, y lo hace, estas leyes.
¿Por qué lo hace Dios? Tal vez para demostrar su poder y su amor. Un grupo de científicos, recientemente, examinó el tilma o capa de Juan Diego, un pobre indio inca que afirmó ver a la Virgen María en 1534. Sobre este tilma hay una imagen de María, más tarde llamada Nuestra Señora de Guadalupe. El tilma está hecho de tela de fibra de cacto, material que debería haberse desintegrado hace cientos de años. Sin embargo, aún está entero y hermoso. Uno de los comentarios de los científicos resume las siguientes historias:
“Dios hizo la naturaleza y la maneja según su deseo”.

