Siempre cerca
La coincidencia es la manera que tiene Dios de permanecer en el anonimato.
DICHO POPULAR
Eileen Bosshart, de Streamwood, Illinois, se encontraba en medio de un dilema. Se había quedado sin uno de los ingredientes principales para la cena de la noche y, si ella salía a comprarlo, la comida no estaría a la hora de costumbre e incluso llegaría tarde a la práctica del coro. iOh, había veces en que se hacía difícil ser madre de nueve hijos! Los días de Eileen pasaban llevando niños de aquí para allá, mientras a la vez atendía su casa y sus propios proyectos personales, la edición de un boletín, clases de catequesis, ayudar a administrar una despensa de alimentos en una de las parroquias de la ciudad y, en este preciso instante, planificar una cena con baile para recaudar fondos para un cura misionero.
-Trataba de organizar tantas actividades como podía para el día -dice Eileen, con modesta suspicacia-. Siempre parecía que estaba corriendo.
Ahora buscaba en los armarios de la cocina, golpeando las puertas y abriendo los cajones. i Con seguridad encontraría algo para sustituir aquel ingrediente! La idea de hacer un pedido en este momento tan atareado era ya demasiado como para llegar a tenerlo siquiera en cuenta.
Sin embargo, su esperanzada búsqueda no fue recompensada, de modo que la carrera al supermercado era inevitable. La menor de sus hijos, Allison, de cuatro años de edad, la había estado observando mientras ella, frenética, buscaba en los armarios y ahora se daba cuenta de que su mamá estaba saliendo.
-¿Puedo ir contigo, mami? -ansiosa la niñita corrió hacia la puerta de atrás.
Eileen no se podía permitir entretenerse con la niña. El tiempo era crucial. Si ella podía llegar al supermercado, encontrar rápidamente lo que necesitaba y volver corriendo a casa, podría reanudar de inmediato su tarea sin demasiada pérdida.
-Ahora no, Allison -Eileen pasó alIado de su hija-. Te quedas aquí y ves la televisión con Danny y Mark. Te llevaré en otro momento, cuando no tenga tanta prisa.
La furgoneta estaba estacionada en la entrada de coches. Con los pensamientos repartidos en miles de tareas, Eileen salió corriendo, se subió y arrancó el motor. Rápidamente puso marcha atrás. Por lo menos, trató de hacerlo, pero el cambio parecía atascado. Volvió a intentarlo, tirando con toda su fuerza, pero la palanca no se movía. Oh, no, ahora no, ¡no cuando más necesitaba ahorrar tiempo! ¿Por qué todo parecía salirle mal cuando ella estaba apurada?
En ese momento, Eileen oyó un ruido de algo que golpeaba. Cuando miró por el espejo retrovisor, el tiempo pareció detenerse. La parte superior de la rubia cabeza de AlIison casi no se veía por la luneta trasera, pero Eileen pudo ver a su hija parada justo detrás del vehículo. Si el cambio no hubiera estado atascado, habría arrollado a la niña.
-¡Oh, Allison! -Eileen se bajó del coche torpemente, tomó a su hija en brazos y la colocó en el asiento delantero. ¡Cómo se había salvado!
-La senté y la mantuve abrazada, rezando durante unos minutos, hasta que sentí que me volvían las fuerzas -dice Eileen-. Después volví a poner marcha atrás. El cambio se movió fácilmente y salimos sanas y salvas del estacionamiento de coches.
¿Fue sólo una coincidencia que la marcha atrás estuviera atascada una vez y nada más, a pesar de las revisaciones mecánicas, durante los muchos años de conducir vehículos?
-Sé que Dios está pendiente de nosotros, estemos o no pensando en El -dice Eileen-. Le estaré por siempre agradecida de que nos haya ahorrado vivir una tragedia.

