Tiernos tesoros
Los milagros no suceden en oposición a la Naturaleza,
sino sólo en contradicción con lo que nosotros conocemos de ella.
SAN AGUSTIN
Una lectora, que se sentía sola y abandonada, miraba por la ventana del hotel un árbol de magnolias, cuyos capullos estaban muy cerrados. ¡Cómo deseaba que Dios le enviara una señal de que El estaba cerca y oía los anhelos de su corazón! De repente, mientras miraba, sin poder creerlo, uno de los capullos se movió, después se abrió rápidamente y por completo, produciendo un glorioso conjunto de colores y belleza. Aún tengo una fotografía de esa única flor en aquel árbol, escribió. Dios hace muchos pequeños milagros, pero la mayoría de ellos deben ser vistos con el corazón.
Nancy Trant, que lamentaba la repentina muerte de su novio, viajó a Colorado donde los dos habían planeado hacer su luna de miel. El viaje fue pintoresco pero muy solitario.
Un día Nancy alquiló un coche y con él se dirigió a la cima del Pikes Peak, a unos cuatro mil doscientos metros sobre el nivel del mar. Allá, arriba de la montaña, sin embargo, comenzó a sentirse mareada. El pico entero estaba cubierto por una densa nube.
-Como no había nadie en los alrededores y yo no veía nada, comencé a caminar de nuevo hacia el coche -dice.
En el camino, oyó una voz interior que le ordenaba: “Regresa adonde estabas”. Aún mareada, Nancy discutió con la voz, pero esta siguió insistiendo dentro de su espíritu: “¡Ve!” De mala gana, Nancy trepó nuevamente hasta la defensa de protección.
En aquel momento, las nubes se abrieron delante de ella.
-Ante mí había un arco iris de tres o cuatro pisos de alto, que salía de la montaña y desaparecía en el infinito -dice Nancy. El aire parecía cargado de electricidad y había una visibilidad de kilómetros. Nancy se sintió transportada, llena de dicha. ¿No era el arco iris un signo de la alianza de Dios con su gente, con ella? Aquella exquisita escena permaneció durante varios minutos, después las nubes volvieron a cubrir la cima. Pero Nancy jamás olvidó el momento aquel en que Dios le envió consuelo para su dolor y la promesa de un mañana más feliz.
Mientras hacía compras con sus hijos, Kaylyn Dunne estaba perdida en sus pensamientos. Acababa de llegar de un retiro espiritual de fin de semana que utilizaba a la mariposa, símbolo universal de cambio y metamorfosis, como tema. El retiro le había despertado el deseo de tener una vida espiritual más profunda, aunque también la preocupaba, ya que le habían pedido que fuera la encargada de los siguientes retiros espirituales que se organizaran. Kaylyn jamás había sido encargada de nada y sentía que no estaba capacitada. Con su ya saturado esquema de vida y un hijo con una enfermedad crónica que cuidar, ¿deseaba Dios que ella hiciera esto?
-¡Mami, mira! -dijo de pronto su hijo desde el asiento trasero. Kaylyn casi clava los frenos. Caminando delante de ella, dentro del automóvil, había una enorme mariposa. Era de vívido color amarillo, su color favorito. Con el coche a más de sesenta kilómetros por hora y las ventanillas apenas con una rendija abierta, ya que sus hijas preadolescentes no deseaban despeinarse el cabello, ¿cómo había entrado?
La visitante alada batió delicadamente las alas, después se posó, como si fuera un pequeño plumón, sobre el salpicadero. Extasiados, los niños la miraban fijamente.
-Debe estar asustada -les dijo Kaylyn-. Abre las ventanillas y déjala salir -sin embargo, a pesar del viento, la mariposa se quedó.
Kaylyn entró al estacionamiento de la biblioteca.
-Dejemos abiertas las ventanillas mientras nos vamos -sugirió. Cuando regresaron al coche, sin embargo, la mariposa aún estaba graciosamente posada sobre el salpicadero, como si estuviera esperándolos.
Perpleja, Kaylyn terminó con sus obligaciones, regresó a su casa, abrió las puertas del coche, entró a la casa con sus hijos y esperó. Finalmente, sin prisa, la mariposa salió, describió unos círculos alrededor de la casa, como una especie de abrazo, y desapareció volando.
-Me puse a pensar en el momento en que había aparecido, justo después de que hubiera rezado -dijo Kaylyn. ¿Fue intención de Dios enviar esa señal de que El estaba cerca? Kaylyn aceptó el trabajo de encargada y aquello significó el camino hacia una vida espiritual más rica.
Desde ese día, las mariposas parecen visitar a Kaylyn a menudo, en especial cuando ella necesita estímulo. Uno de los mejores encuentros fue el invierno pasado. Cuando unos amigos estaban haciendo un servicio de oración por el hijo de Kaylyn en la sala de su casa, alguien señaló hacia la ventana del frente y exclamó,
-¡Miren afuera!
Era un día de enero con mucha nieve y temperatura bajo cero. Pero golpeando delicadamente contra el vidrio de la ventana, como si le recordara a Kaylyn la constante preocupación de Dios, había una mariposa marrón.
Flores, arco iris, mariposas… los tesoros más tiernos de la naturaleza. Tal vez Dios los utilice como puente entre el cielo y la tierra, para hacernos saber que mientras El observa un gorrión, con seguridad nos está observando a nosotros.

